sábado, 29 de octubre de 2016

Reflexiones: Las tres figuras creativas del juego de rol

Hace no demasiado, entre los comentarios sobre un sistema de creación de partidas, me aventuré a hablar, según mi criterio, de todas aquellas personas que influyen en lo que los jugadores saborearán como la experiencia final, aquella por la que podrían juzgar un juego.

Por un lado, podemos juzgar al creador del juego, entendiendo que varias personas podrían crearlo, pero aunando todas ellas en una sola entidad. El creador del juego diseña normas, ya sea en forma de sistema de juego o en forma de ambientación; por otro lado, el siguiente en influir será el creador de la partida/aventura, nuevamente pudiendo ser más de una persona. Este ente toma las normas que ha creado el director de juego y las utiliza para crear una trama lo suficientemente bien estructurada para que se pueda jugar, pretendiendo que la historia sea agradable y, a veces, consiguiéndolo; finalmente, y no por ello menos importante, entra a jugar el director de juego, que es quien coge todo lo anteriormente mencionado, lo aplica y le da soporte una vez se juega.

Cuando aspiro a pensar en que la industria de los juegos de rol pueda ser algún día tan sostenible como para que se puedan dedicarse a ello aquellos que quieran y tengan talento, me gusta compararlo con la industria de los videojuegos. Salvando las evidentes distancias, los videojuegos no siempre fueron algo con cierta garantía de rentabilidad ni mucho menos tuvo un nivel tan profesional como del que gozamos ahora. No obstante, cuando los videojuegos se hicieron una forma de ocio popular, entendieron algo: una misma persona no debía participar en muchas fases del desarrollo de un juego, sino que debía especializarse en eso en lo que era realmente bueno. Hoy en día, existen videojuegos creados por equipos de cien personas.

Teniendo esta referencia, algún día me gustaría que tuviésemos la suerte de tener que tomar las mismas medidas para hacer juegos de rol de gran calidad. Hay personas con una gran capacidad, pero no nos engañemos... la mayoría de nosotros no somos excepcionales emulando las tres figuras anteriormente mencionadas, y varios no somos buenos emulando siquiera una de ellas. Hay quienes no son buenos haciendo normas, pero tienen ideas muy buenas para guionizar una trama; otros tienen una inteligencia idónea para hacer juegos, pero no tienen la necesaria para dirigir una partida de una forma atractiva. Supongo que a estas alturas habría algo obvio, y es que lo mejor sería coger a varias personas que hagan bien una cosa, juntarlas en el mismo proyecto y esperar a que la ecuación salga positiva.

Evidentemente, esto no puede ser posible si pretendemos que esas personas puedan tener un sueldo para dedicarse sólo a eso. En una industria con una competencia cada vez más creciente, donde vender 300 copias de un juego se puede considerar tocar techo o donde podría ser que las formas de financiación colectiva ya no empiecen a funcionar, cuesta pensar que alguien pueda prescindir de un segundo trabajo que le dé para vivir y que consuma gran parte de su tiempo y su energía.

No obstante, sería tan bonito que algún tuviésemos eso que, personalmente, prefiero pensar en ello como una meta y no como una utopía.